Las pistolas DeVilbiss cambian para simplificar aún más el trabajo en el taller

Hasta ahora, las gamas GTi Pro y GTi Pro Lite de DeVilbiss venían en color rojo y amarillo, respectivamente y, grabado con láser en el cuerpo de la pistola, las palabras BASE (para aplicar base) o CLEAR (para barniz). El nuevo sistema de identificación de DeVilbiss elimina estos rótulos e introduce dos nuevos colores para la GTi Pro Lite: azul brillante y negro, además del ya disponible oro estándar. Así, a partir de ahora serán los usuarios quienes asignen el color deseado a cada tipo de aplicación o material. Por ejemplo, las pistolas en el nuevo negro anodizado pueden utilizarse para aplicar base, las de oro para barniz y las azules para metalizados. La decisión será del usuario o taller.

En la misma línea de unificación y simplificación de su gama de productos, DeVilbiss ha incorporado la última tecnología de atomización presente en las GTi Pro Lite a la gama GTi Pro. Ahora, solo hay cuatro opciones para el cabezal de aire en toda la gama: T110, TE10, TE20 y HV30, lo que ayudará a reducir inventario en los talleres. Asimismo, el cabezal SN-69-K de la Pro Lite se ha incorporado a toda la línea GTi Pro, lo cual mejora la estabilidad de su patrón de pulverizado, proporcionando idénticas prestaciones que la Pro Lite.

Otra novedad interesante anunciada este mes de febrero por DeVilbiss es que en adelante los kits de sus pistolas llevarán una boquilla adicional, lo que incrementará el valor añadido para el usuario final otorgándole una mayor flexibilidad. Así, todas las pistolas vendrán con una boquilla de 1,3 mm, mientras que los kits estarán disponibles con repuestos de 1,2 o 1,4 mm. Por último, DeVilbiss ha anunciado la incorporación de nuevos componentes de aluminio en la gama GTi Pro, reduciendo su peso total de 600 a 500 gramos, lo que sin duda hará más confortable el trabajo.

De la grasa de ganso a la pintura
Corría el último cuarto del siglo XIX en el Toledo del estado norteamericano de Ohio. Por aquella época, el tratamiento habitual para las infecciones de garganta consistía en limpiar las tragaderas del paciente con vaselina o grasa de ganso, utilizando para ello turundas de algodón o gasa. Fue en 1888 cuando el doctor Allen DeVilbiss, que ejercía de médico en el entorno rural toledano, inventó un nuevo sistema para rociar gaznates mediante un novedoso dispositivo que combinaba una lata de metal, una bola hueca de caucho y un pequeño tubo. Había nacido el primer pulverizador de aerosol. Posteriormente añadió una boquilla para regular el patrón de pulverización y consiguió la patente de su invento.

El éxito del pequeño atomizador se extendió como un reguero de pólvora entre la comunidad médica de la época, dando comienzo en 1890 la historia de la DeVilbiss Company, en Toledo, Ohio. Pero no fue hasta 1905, cuando Tom, hijo del doctor DeVilbiss, se incorporó a la empresa y comenzaron a buscarse nuevas aplicaciones para el pulverizador. La primera fue la aplicación de perfumes femeninos. A pesar de la oposición del patriarca familiar, alcanzaron rápidamente una gran aceptación. Llegaron a fabricarse con oro y plata, incorporando además frascos de cristal con artísticos diseños de lujo. Hoy día son cotizadísimas piezas de coleccionista.

Apenas dos años después, en 1907, Tom DeVilbiss inició las primeras pruebas de un atomizador propulsado por aire comprimido y con boquilla ajustable. Aquí comienza la historia de esa herramienta hoy imprescindible en una infinidad de fábricas de todo tipo y, desde luego, en todos los talleres de chapa y pintura del mundo. En la actualidad, las pistolas de pulverización DeVilbiss se utilizan en el acabado de madera, plástico, metal, vidrio, etc. en sectores tan dispares como la automoción, la fabricación de muebles, electrodomésticos, la marina, transportes, aeroespacial

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